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viernes, 14 de agosto de 2009

El ejercicio no es efectivo para perder peso




Esas son las palabras de un destacado investigador y encargado del grupo de diabetes y metabolismo de la Universidad Estatal de Luisana, quien afirma que recientes estudios no consideran al ejercicio físico como una gran ayuda al momento de perder peso.


Sin embargo, aquí es necesario aclarar que se está perdiendo de vista el efecto a largo plazo del ejercicio sobre el gasto calórico y los beneficios de la actividad regular sobre la salud, ya que no podemos tener una visión tan simplista de decir que en una investigación las mujeres activas no perdieron peso en comparación con el grupo sedentario.


Realizar actividad física puede incidir indirectamente sobre el adelgazamiento y soy testigo de eso, ya que al relajarnos, liberar endorfinas y mejorar nuestro humor, también colabora en el control de la ingesta alimentaria.


Además, el peso puede no modificarse pero si la composición corporal a favor de nuestra salud, ya que incrementar masa muscular implica grandes beneficios para el organismo.


Por otro lado, la forma física mejora, aunque nuestro peso se eleve, y con ésta, se incrementa el autoestima de la persona. La circulación sanguínea resulta favorecida con el ejercicio y así, disminuye el riesgo cardiovascular.

Ejercitarse con regularidad es un factor crucial si queremos llevar una vida sana, ya que muchos son los estudios que comprueban que la actividad física nos protege de enfermedades y produce cambios positivos en el organismo, no obstante, puede no incidir directamente sobre el adelgazamiento y ésto no quiere decir que no movernos será de más utilidad para perder peso, sino que indica que tenemos que tener una visión más amplia de los efectos que produce la ejercitación física sobre nuestra salud.


viernes, 17 de julio de 2009

Harta



Pues sí! Y no será porque no me cuido. Vale que he estado un poco a mi aire últimamente, pero llevo dos semanas "portándome muy bien". Como sano, en cantidades adecuadas...

Pero mi báscula no lo nota!!!

Y eso que voy viendo que la ropa me queda un poquito más holgada, pero no hay manera. Me peso por la mañana y me da un bajón... Bueno, igual no tanto, quiero decir que no me deprimo y esas cosas, pero sí que me desmotivo bastante.

Y eso que sé cómo va mi cuerpo, que lo que hace es normal, pero es durillo.

¿Sabéis dónde noto que adelgazo? Cuando voy a cocinar o a fregar y me pongo el delantal. Es de esos que se atan detrás, pero como el lazo es muy largo lo cruzo en la espalda y me lo ato por delante. Hace unos meses justo justo me lo ataba y daba una pequeña lazada. Pues cada vez me sobra más cinta después de atar y enlazar. Y me da una alegría...

De momento sigo en la raya del 87, arriba y abajo. A ver si pronto os doy alguna noticia de cambio, que tengo unas ganas...

martes, 14 de julio de 2009

Alimentos que nutren el cerebro


He encontrado este artículo que quería compartir. Trata de diversos alimentos y los nutrientes que contienen idóneos para alimentarse bien y cuidar el buen funcionamiento del cerebro. A lo que propone yo añadiría que, para que estos alimentos conserven todo su valor nutricional cuando nos los llevemos a la boca, que sean comidos "lo más crudo" posible. Esto es, sin que se pasen cociendo. Los pescados se cocinan enseguida y las verduras deberían tener un puntito crujiente. Todo lo que se pueda comer crudo es una orgía nutricional para nuestro organismo. Siempre es buena idea la cocina al vapor y a la plancha. Los brotes son verdaderos almacenes de nutrientes al alcance de nuestra mano. Espero que el artículo os sea interesante.


A quién no le ha sucedido que de repente pierde la atención acerca de algo, se distrae y no se concentra. La causa de ésto puede estar en muchos factores y la alimentación es una de éstas, por eso, te mostramos algunos alimentos que nutren el cerebro.

Una ingesta variada de alimentos, especialmente algunos ricos en nutrientes específicos, pueden favorecer el funcionamiento cerebral y apartarnos de la distracción, la falta de atención o la lentitud al momento de pensar y accionar.

Si quieres impulsar el funcionamiento del cerebro y alimentarlo inteligentemente, éstas son algunas de las opciones:

* Cereales integrales y jugo de naranja: Ambos alimentos pueden combinarse en un rico desayuno para nutrir al cerebro, ya que son ricos en ácido fólico, una vitamina que ha demostrado contribuir a una buena memoria y al procesamiento rápido de información. Otros alimentos en los cuales encontramos folatos son la soja, las lentejas, el brócoli.

* Maní y coliflor: el producto del metabolismo de la colina, sustancia que se encuentra en éstos alimentos, ha comprobado impulsar la energía menta y favorecer el funcionamiento eficaz del sistema nervioso. Por eso, a diario podemos consumir colina mediante los maníes o el coliflor.
Brócoli, brotes y espinacas: éstos ingredientes pueden formar una nutritiva ensalada para el cerebro, ya que se ha demostrado en un estudio realizado en Harvard que las crucíferas y verduras de hojas verdes conservan mejor la memoria.

* Bayas, uvas y ciruelas: los antioxidantes contenidos en éstas frutas, además de las antocianinas, su pigmento, pueden revertir la pérdida de memoria asociada a la edad y reducir la pérdida de células cerebrales. Además, la quercetina produce similares beneficios. Así que, a diario puedes ingerir uvas, manzana roja, arándanos o ciruelas para disfrutar de un cerebro en condiciones.

* Salmón y sardinas: muchos estudios han puesto de manifiesto que los ácidos grasos omega 3 contenidos en los pescados azules favorecen el funcionamiento cerebral y permiten conservar una memoria en condiciones.

Éstos son los principales alimentos que debes incluir en tu dieta si quieres mantener tu memoria, concentración y funcionamiento cerebral en condiciones.

Además, llevar una vida sana en general, alejada de los excesos y drogas, permite conservar una mente y cuerpo saludable por largo tiempo.

Fuente: shine.yahoo.com
En BlogNutrición: La vitamina B12 protege nuestro cerebro
En BlogNutrición: El pescado alimenta el cerebro

Este post ha sido publicado originalmente en BlogNutricion.com- Todo lo que te interesa sobre nutrición, salud y dietas.

lunes, 13 de julio de 2009

21 días sin comer



Anoche reponían este programa y aproveché para verlo.

No me cogía de nueva. Va a hacer diez años que hice mi formación como terapeuta de familia y el máster lo dirigía el equipo que trabajó en Guipúzcoa la baremación y adaptación de las baterías de tests y programa terapéutico de lo que ya era un boom en Inglaterra. Vimos a muchas chicas con trastornos de alimentación y a sus familias, tanto para evaluar el trastorno como para llevar la terapia dentro del programa. Me empapé mucho de esta problemática que atañe (igual que los distintos trastornos adictivos) no sólo a la enferma sino a su familia, cuyas dinámicas suelen ser causa y consecuencia del trastorno.

Os pongo aquí un link a la página de la cadena por si no conocéis el programa: http://www.cuatro.com/21-dias/reportajes/2-21-dias-sin-comer/

Aunque ya conocía la problemática me impresionó mucho el progresivo deterioro psicoemocional de la periodista en tan sólo 21 días.

Para conocer de primera mano cómo viven las personas aquejadas de este trastorno se propuso no comer en todo ese tiempo más que agua e infusiones.

Un equipo médico le hizo un seguimiento físico y psíquico. La psicóloga Rosa Calvo con la que habló, le advirtió desde un principio de lo sencillo que es habituarse (engancharse) a adelgazar. El cuerpo, lejos de sentirse deprimido va entrando en una dinámica de aumento de energía que culmina en una hiperactividad. La falta de alimentación provoca desórdenes psíquicos con síntomas depresivos como tristeza; pensamientos obsesivos en torno a la comida, el peso; pensamientos distorsionados en relación al aspecto y las espectativas que se tienen de él. Y otras cosas más que veréis si tenéis ocasión de ver el programa. No tiene desperdicio porque es lo mismo que vi yo en el programa en el que participé y porque es exactamente lo que le sucedió a Samanta Villar, periodista y presentadora del programa.

Ella misma se sorprendía de lo sencillo que le resultaba el ayuno. Lo agradable que es perder peso y sentirse llena de energía (sobre esto hablaremos en otro post, las toxinas que acumulamos en el cuerpo, sus consecuencias y los bien que se siente uno cuando se las quita de encima), lo que mosquea subirse a la báscula y ver que no se ha bajado todo el peso que se pensaba...

En 21 días adelgazó 6 kilos. Bajó dos puntos del índice de masa corporal, por debajo de lo sano. Tenéis aquí un vídeo donde explican esta parte: http://www.cuatro.com/21-dias/videos/21-dias-samanta-pierde-kilos-muestra-ansiedad/20090302ctoultpro_35/

6 kilos no son tanto, y sin embargo, sus niveles de ansiedad aumentaron drásticamente. Ella misma admite que comienza a no ver dónde están los límites entre lo sano y la enfermedad. Comienza a desear continuar con la dieta (porque ella se ve muy bien así). La psicóloga le recomienda parar aquí porque está en el comienzo de un trastorno real y lo más grave es que ella misma comienza a no ser consciente de ello.

Lo que más claro quedó es algo que se sabe desde el principio que se comenzó a tratar esta enfermedad: que es un cuadro sistémico que afecta a muchos sistemas de la persona (físico, psíquico, emocional, bioquímico, social, familiar...) y que se retroalimenta afectando a cada sistema como las ondas que hace una piedrita lanzada a un estanque. Pero que, el primer paso para la sanación es lograr que estas personas recuperen el peso adecuado a su altura porque si no se da este requisito, es imposible reconducir los síntomas depresivos asociados. Ya que una mente sana sólo se da en un cuerpo sano. Y es primordial tener un peso adecuado para que la mente está en forma, si no. la terapia está condenada a fracasar.

Esto para que seamos conscientes de lo que supone bajar peso de golpe, sin una dieta equilibrada, sin un apoyo emocional. Meterse en un trastorno de alimentación es la cosa más sencilla del mundo. Salir de él puede suponer años y años de sufrimiento.

Esto para que nos achuchen para hacer dieta, para "caber" en unos patrones de moda que dentro de unos años cambiarán, para entrar por el aro de lo estéticamente correcto.

lunes, 6 de julio de 2009

El aporte nutricional de las semillas de girasol






Desafortunadamente las semillas de girasol gozan de mala reputación. No porque se dude de sus beneficios, sino que debido a una concepción errónea que sostiene que éstas son un alimento que engorda y que consumido en exceso es capaz de generar sobrepeso.


Sin embargo, esto no es más que un error infundamentado. Las semillas de girasol no contienen grasa, sino que contienen aceite vegetal, el cual no se almacena como grasa en nuestro cuerpo. Pero además de destacarlas por negativa, quisiera hablar de los beneficios de las semillas de girasol de forma explícita


Solamente 100 gramos de semillas de girasol pueden cargar tu cuerpo con la energía que necesita. Esta cantidad contiene 49g de aceite vegetal, 22g de proteínas, 10.5g de fibra y 2.5g de azúcar, un cóctel energético natural que te proporcionará la energía que precisas para activarte.


Además de esto, este alimento contiene muchos nutrientes y que las convierten en un magnífico agente nutricional. Zinc, sodio, hierro, calcio, fósforo, magnesio, potasio, manganeso, riboflavina, etc. Además, su aporte de vitaminas E y C es sustancial, sobre todo en relación con la primera.


Si creías que las semillas de girasol iban a ir en contra de tu dieta, te habrás dado cuenta de que estás equivocado. Una ingesta moderada de semillas puede ser lo que necesitas para comenzar tu día, y, por supuesto, para antes de ir al gimnasio.


sábado, 4 de julio de 2009

Sobrealimentar al bebé puede provocar obesidad infantil


Un estudio muestra que alimentar en exceso a un niño durante los primeros seis meses de vida supone un 40% más de probabilidades de que sea obeso a los tres años. Parece, por tanto, una de las formas más sencillas de luchar contra la obesidad.

Hace años, en épocas de pobreza y desnutrición en los países actualmente desarrollados, tener un niño gordito era sinónimo de garantía de salud: tendría más defensas en caso de enfermedad y se alejaba el fantasma del raquitismo. Esta situación ha cambiado, pero no en algunas mentes, por desgracia.

Una investigación relaciona de forma clara una ganancia rápida de peso durante los primeros seis meses de vida con obesidad a los tres años. Ha sido realizada en la Universidad de Harward y el Hospital Infantil de Boston (ambas instituciones, en Estados Unidos), publicada en la revista "Pediatrics" y coordinada por Elsie Taveras, de la mencionada universidad.

Los investigadores analizaron a 559 niños. Les midieron y pesaron al nacer, a los seis meses y a los tres años, y encontraron una relación entre la rapidez con que ganaron peso durante los primeros meses y ser obesos a los tres años. Un ejemplo es ilustrativo: si dos niños nacieron con el mismo peso, una diferencia de tan sólo 700 gramos a los seis meses (8,4 kilos, frente a 7,7; es decir, sólo un 9% más) supone, para el primer niño, tener un 40% más de probabilidades de ser obeso a los tres años.


La relación es tan concluyente y el problema tan grave, que sería absurdo no hacer nada. La propia Taveras indica que "los primeros meses de vida son un periodo crucial para tomar las medidas necesarias y evitar que el bebé se convierta en un niño sobrado de kilos". Como se sabe, es muy probable que esta obesidad infantil se convierta en obesidad de adulto, con lo que la cuestión toma dimensiones aún mayores.

El problema de la obesidad es grave y difícil de resolver, pero pocas veces nos encontraremos con una situación en la que sea tan importante (y tan fácil) la prevención. Con independencia de que las autoridades sanitarias tomen las medidas que consideren oportunas, nosotros, como particulares, deberíamos hacer un seguimiento estricto de la evolución del peso de nuestro hijo recién nacido.

Bajo control médico, debemos poner el máximo interés en darle la alimentación más adecuada (otros estudios relacionan la lactancia materna con prevenir la obesidad infantil) y evitar que engorde en exceso. Cuando sea mayor, seguro que nos lo agradecerá.

Artículo elaborado por Adelgazar.Net en junio de 2009,a partir de informaciones del diario El Mundo

http://www.adelgazar.net/n09064-alimentacion-infantil-y-obesidad.htm

sábado, 27 de junio de 2009

Las emociones



Nuestras emociones nos pueden jugar una mala pasada a la hora de hacer dieta. Y no sólo porque determinados estados emocionales nos pueden llevar a consumir dulces, comida rápida y otros alimentos que no nos van nada bien para nuestro exceso de kilos.

Las emociones que vivimos y que vivenciamos a través de la comida se fijan en nuestro cuerpo de manera perenne como las emociones que son.

Así, si estamos inmersos en una depre y nos comemos unos pastelitos para endulzarnos la tristeza que nos embarga se fijará en el depósito de grasa que se produzca. Como si nos fuéramos poniendo capas de "plastilina". Aquella tarde que estábamos tan tristes; aquel amor que pasó de largo; aquella amiga que nos defraudó tanto; aquel trabajo del que nos echaron sin motivos claros... Tristeza, rabia, dolor, miedo, duda, desprecio... Todo queda almacenado en nuestro cuerpo energético.

Por eso es tan difícil adelgazar, porque a medida que nos quitamos capas de grasa vamos sacando a la luz todas esas emociones que estaban tranquilitas protegidas por nuestra grasa corporal que al ir desapareciendo va sacando a la luz.

Si somos capaces de enfrentarnos a ellas y ganar la partida, conservaremos los kilos de más que nos hemos ido quitando. Si no, volveremos a recubrirlas y adormecerlas para no escuchar sus voces y poder vivir tranquilos.

La obesidad es el mal menor que hemos de soportar por no enfrentarnos a nuestros fantasmas emocionales.

martes, 23 de junio de 2009

Raquel Nogués: “Comer es una gran válvula de escape”

Me han hecho llegar este artículo y me ha parecido tan bueno que os lo comparto:




–¿Está superada la moda de estar extremadamente delgados?

--Ha cambiado. A mí me siguen pidiendo dietas para perder peso, pero ya no está de moda estar muy delgado. Las actrices de moda tienen de todo y bastante, las mires de frente o de perfil. Desde Catherine Zeta-Jones hasta Scarlett Johansson o Penélope Cruz. Y ellas son modelos que marcan tendencia. Pero una cosa es que sobren unos kilos y, otra, la necesidad de perder mucho peso por motivos de salud. Por obesidad.

–¿Qué debería hacer un obeso?

--Lo contrario de lo que suele hacer:no someterse a pérdidas de peso rápidas, porque no las podrá mantener. Esas personas necesitan verdaderos cambios en la forma de alimentarse, y asumir que la tendencia a engordar la tendrán toda la vida. Yo doy pautas para frenar esa tendencia y mantenerla a raya.

–¿Cuál es su modelo de dieta?

--La que contiene todos los alimentos. Todos, aunque repartidos en varios días. No podemos hacer dietas ideales de un día, porque no se puede comer en 24 horas todo lo conveniente. Mis dietas llevan carne, pescado, legumbres, pasta, arroz... La única condición es que no se puede comer de todo siempre que apetece y en la cantidad que queremos.

–¿Habla de combinar los alimentos de forma distinta a la habitual?

–No. Hablo de no comer cada día alimentos que en porciones muy pequeñas concentran mucha energía.Por ejemplo, las patatas fritas. No están prohibidas, y tampoco los huevos fritos, pero no podremos cenar cada día huevos y patatas fritas.

–Eso no sería una dieta disociada.

–No. La dieta disociada no permite mezclar ciertos alimentos en una misma comida. Por ejemplo, si tomas un plato de arroz –hidratos de carbono– no puedes comer, de segundo plato, carne o pescado. Esa separación, llevada al extremo, hace adelgazar, porque quien la sigue, en la práctica, lo que hace es comer básicamente proteínas, eliminando verduras e hidratos. Adelgaza, pero es una dieta desequilibrada.

–¿Y si no se lleva al extremo?

–Entonces, hasta cierto punto, una dieta disociada no está mal. Nuestras abuelas ya aplicaban ese estilo alimenticio: el día que había paella en casa era plato único, acompañado de una ensalada de lechuga. Cuando yo diseño una dieta de esas que llevan de todo siempre digo: «El día que coma pasta, no tome carne de segundo plato, sino ensalada».

–Se trata de separar, no de evitar.

–Claro. Si comes proteína por medio de un plato de legumbres o arroz, no necesitas volver a comer proteína después. Pero, si eso te lleva a comer dos bistecs y tres espárragos a mediodía, ya no estoy de acuerdo.

–¿Cuál es el principio científico que explica que esa dieta no engorde?

–No se sustenta en ningún principio científico. Simplemente, si comes un plato de arroz y después un cuarto de pollo, te alimentas más y engordas. Y si comes la mitad, adelgazas. Pero, insisto, en la práctica, quien sigue una dieta disociada no come arroz a mediodía y pescado por la noche, que sería lo adecuado, sino que evita los hidratos y toma proteína a todas horas.

–¿Cuál es su filosofía dietética?

–La de ir cambiando de alimentos sin prohibir ninguno. Si a un señor le apasiona el queso, no se lo puedes prohibir, porque, tarde o temprano, comerá queso. Le debes proponer que lo tome solo el domingo. Cosas lógicas. No es una filosofía mía, es un consejo universal.

–¿Triunfa su mensaje?

–Muy poco. No tenemos ninguna capacidad de convicción. Los anuncios de dietas extremas que ponen en peligro la salud tienen mucho más éxito que los nuestros. Ahora, por ejemplo, existe una dieta que está siguiendo media Barcelona, que consiste en comprar unos sobrecitos de proteínas que se han de tomar con minúsculas porciones de verdura. ¿Qué consiguen? Se pierde mucho peso en las primeras semanas.

–¿Y en las siguientes?

–El exceso de proteína provoca un aumento de acetona y ese desequilibrio, que se percibe en el aliento, quita el hambre. La pérdida de peso puede ser brutal el primer mes --de hasta 10 kilos– y, encima, no tienen hambre. Si se mantiene, esa alteración química es muy dañina, sobre todo si quien sigue la dieta es obeso y cardiópata. Y, además, no cambia los hábitos alimentarios.

–¿Su dieta, sí?

–Sí. Pero, haciendo lo que yo digo, tal vez perderán 12 kilos en un año, no en un mes. ¡Y es fantástico! Porque están aprendiendo a alimentarse bien. Pero eso no tiene atractivo.

–¿Qué función psíquica cumple la alimentación?

–¡Total! Nuestra sociedad todo lo celebra en la mesa, ya sea un negocio o una boda. Comer es una gran válvula de escape cuando estás nervioso. La persona tranquila lo tiene más fácil para comer con equilibrio.


Fuente: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=623691&idseccio_PK=1006&h=090623

La báscula engaña

No siempre la báscula refleja la realidad de lo que somos. Refleja el peso, pero nada más. Hay momentos en los que es más fiable dejarse guiar por la ropa y cómo nos queda que por uno de estos aparatitos.

Para bajar peso, una de las actividades que se suele recomendar es hacer ejercicio. Ocurre que al hacer ejercicio los músculos se fortalecen aumentando de tamaño, de peso y contribuyendo a que el peso global de la persona aumente también. Si te sumergiste en una dieta con ejercicio tendrás que tener un poco de paciencia para ver los resultados en la báscula.

Así mismo, las mujeres tenemos unos días al mes, los previos a que nos venga el periodo, en los que acumulamos líquidos. En esos días podemos llegar a aumentar nuestro peso hasta en 2 kilos. Afortunadamente, en cuando pase el periodo se irán también y podremos ver reflejado en la báscula una cantidad más aproximada a nuestro peso.

Parece que a la hora de adelgazar todo son escollos...

sábado, 20 de junio de 2009

Seguimos adelante




Difícil, difícil se me está haciendo regresar al peso que tenía antes de irme de vacaciones. Bueno, puedo decir en estos momentos que ya casi estoy. Cada vez que me peso, mi báscula fluctúa a un lado y a otro del 87, llevando ya tres días que queda del lado izquierdo, esto es, que peso algo menos de 87 kg. Igual 87'800 o algo así. Mi báscula es muy vieja y no distingo bien las rayitas recién levantada con las legañas todavía puestas.


No lo llevo mal, ya que sí noto la ropa bastante suelta. Ayer me puse una camiseta de tirantes y noté que me sobraba tela por algunos sitios, cosa que no me ocurría antes.


¿El truco? Pues ocurre que estos días mi marido por motivos de trabajo no come con nosotras y al tener que estar más pendiente de la niña y tardar más en comer, mi sensación de saciedad se activa y me avisa cuando voy llegando al límite. ¡¡Esto está muy bien!! Sobre todo porque soy yo quien para, sin quedarme con las ganas de comer un poco más... Qué curioso. Comemos más si comemos acompañados, como si nos mimetizáramos con la persona que tenemos enfrente. Y como nos toque alguien con un saque mayor que el nuestro... ¡estamos perdidos!


Mi cuerpo baja peso en etapas de bajada de volumen sin que se note en la báscula junto a otras en las que la báscula registra (¡por fin!) que efectivamente peso menos y el trabajo ha sido eficaz.


Así que voy a por mi siguiente objetivo: bajar de los 86 kg.


¡¡¡Ya os contaré!!!